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La realidad en las clases a distancia

Gustavo Felipe Ramírez Pérez
31/03/2021
prevención del suicidio

La crisis por la pandemia afecta la vida laboral, económica, familiar, hábitos y emociones. Pero hay una realidad en la que ponemos especial atención: la enseñanza de los niños a distancia.

Con el aislamiento, esta forma de tomar clases no parece tan malo si consideramos que esta generación es de “nativos digitales”. La tecnología es parte de su vida diaria.

La tecnología permite correcciones y procesos de retroalimentación inmediatos, pero presenta riesgos: distracción, sensación de soledad y que el profesor no pueda tener el control completo del grupo.

Por otro lado, permite que el padre, madre o tutor se involucren en todo el proceso, desde la preparación del equipo hasta la entrega de las tareas, y retroalimentación a los niños en los temas que no comprendan. Un trabajo en equipo.

Pero ¿por qué puede ser un riesgo el que los padres o tutores tengan que involucrarse en el proceso de enseñanza? Bueno, la dificultad de familiarizarse con la tecnología, aunado a las necesidades y exigencias cotidianas, trabajo, labores domésticas, las compras; al final del día se genera mucho estrés.

Ese estrés puede traducirse en sentimientos de enojo, frustración y bajo control de impulsos, sin mencionar los problemas familiares ya existentes: dificultades de pareja o económicos, factores que pueden ocasionar agresiones al menor. A su vez, este tipo de alteraciones psicológicas y emocionales impactan en el proceso de enseñanza-aprendizaje.

Reconozco la ardua labor de los profesores y los padres o tutores, pero hay que reflexionar, si consideran que han incurrido en prácticas de agresión, porque la carga de trabajo, aunada al aislamiento, se vuelve incontrolable.

De ser así, es necesario buscar ayuda psicológica para evitar un perjuicio psicoemocional en el menor: miedo, angustia, depresión infantil, déficit de atención, baja autoestima, dificultad para identificar emociones y problemas de conducta.

Si requiere ayuda, búsquenos en el 800 911 66 66, opción 3. Siempre hay un psicólogo para escucharlo y dar asesoría.