Conforme pasó el tiempo, el reclamo de la esposa pasó a una insistencia constante, rayando, a veces, en la violencia verbal y física, asegurando que tenía otra mujer y que, por ello, ya no quería tocarla. El marido insistía: “Estoy cansado y tú sólo piensas en sexo”. Luego también llegó a los insultos.
Cómo era de esperarse, el impacto de esto en toda la familia fue en cascada; la esposa estaba todo el tiempo irritable y pensando en la “amante” que tenía el señor, y descargaba el enojo con los hijos. El marido, tenso y distraído en el trabajo, padecía el consecuente bajo rendimiento laboral.
Cuando se hizo la exploración psicológica del caso, se descubrió lo siguiente: Él padecía diabetes, diagnosticada diez años atrás, aproximadamente, mal cuidada y sin un seguimiento médico. Como consecuencia, se presentó una disfunción eréctil, trastorno que nunca habló con la esposa, por la vergüenza que significaba para él, “ya no poder responder como hombre”. Simplemente se alejó de la pareja y se negó a tener vida sexual.
La esposa desconocía, al igual que él, que la diabetes puede traer como consecuencia una disfunción eréctil. Cuando ambos lograron entender esto y ella conoció del miedo y la vergüenza que esto ocasionó en su pareja, la relación mejoró notablemente, así como su vida sexual, ya que lo que se necesitaba era la atención médica adecuada, un buen seguimiento al padecimiento de la diabetes y una alternativa medicamentosa para tratar la disfunción eréctil. Es importante atenderse y hablar de cualquier padecimiento que se tenga, informarse de las posibles consecuencias por no cuidarse e ir perdiendo, poco a poco, el miedo y la vergüenza para tocar temas de sexualidad.