Aproximadamente, se llevan a cabo entre los 3 y los 10 años, se caracterizan porque los participantes son más o menos de la misma edad, tienen un vinculo afectivo (hermanos, primas, vecinas, amigos) y, sobre todo, que lo hacen por voluntad, a diferencia del abuso sexual en el cual son obligados, amenazados y hay una considerable diferencia de edad entre el infante y la persona que abusa del menor.
Este tipo de actividad se manifiesta porque juegan al "papá y a la mamá", al "doctor", a la "casita", o simplemente, se besan y acarician. Estos juegos les ayudan para conocer su cuerpo, para la construcción de la figura biológica de la mujer y del hombre, ya que, con el otro niño o niña, puede compararse, identificar similitudes y diferencias. tanto en lo físico como en las texturas y sensaciones.
Como adultos, impacta ver a niños y niñas acariciando sus genitales, o besándose, y de forma inmediata se intenta buscar un culpable y una víctima. Si los padres no tienen la suficiente información o hay dudas de cómo reaccionar ante este tipo de juegos es importante que consulten un psicólogo, pues si se castiga, regaña, se genera culpa, o prohíben la relación con él o los infantes involucrados, se puede sufrir consecuencias negativas.
Los niños actúan de acuerdo a su edad, sin culpa y sin un sentido erótico, porque aún no tienen un concepto como tal del erotismo. Si los adultos regañan o se refieren al sexo como algo "sucio" o "prohibido", están marcando la posibilidad de que cuando sean adultos se presente algún tipo de trastorno sexual.
Es importante no regañarlos, que respetemos sus juegos, sus espacios y, sobre todo, no ridiculizarlos ni generarles culpa de algo que para ellos es muy natural, no tienen malicia, se tocan o besan, como en cualquier otro juego.
Para cualquier duda de esta información o de la forma en la que se puede hablar al respecto con los infantes, favor de comunicarse al Centro Nacional de Diagnóstico para las Enfermedades Emocionales, al 01800 911 6666, opción 3.