Y son estas maestras que, cuando ven a un niño inquieto o poco atento, se toman la atribución de dar un diagnóstico de esta naturaleza, y, de paso, asustar a las madres y, en la mayoría de los casos, también, estigmatizar a los niños. Acto seguido, las madres se dedican a buscar ayuda especializada, con una serie de gastos que salen de su presupuesto familiar y aúnan presión a la relación de pareja, ya que los padres se empiezan a responsabilizar del problema. Los niños inquietos, poco atentos o distraídos, no dan elementos suficientes para decir que tienen un déficit de atención con hiperactividad. Muchos niños tienden a aprender más rápido que los demás del grupo y esto los llevará a desesperarse fácilmente y estar inquietos.
Si en casa se está atravesando por problemas como divorcio, duelo, económicos, cambios de casa o la llegada de un nuevo hijo, por mencionar algunos, también pueden contribuir al cambio de comportamiento del niño. Si en el hogar hay poco espacio para jugar o los padres son estrictos en la educación, el niño va a ver en la escuela un espacio para divertirse. Y, claro, en la minoría de los casos, efectivamente se puede tratar de un Trastorno de Déficit de Atención, algo que las maestras podrían detectar, después de descartar otras causas del porqué la distracción o la conducta impulsiva y pedir a la madre que lleve al niño con el psicólogo infantil, para valorar qué se puede estar presentando. Esto es diferente a hacer un diagnóstico en donde se asegura que los niños tienen dicho trastorno.
Si a tu hijo en la escuela le han dado un diagnóstico como tal, te sugiero que te acerques a buscar la asesoría u orientación con alguno de nuestros psicólogos, al 01800 911 66 66, opción 3. La llamada es gratuita. O bien acude a consulta de alguno de nuestros médicos de la Fundación Best, que encontrarás al lado de Farmacias Similares. Recuerda: nuestra labor es servir y ayudar.